Calidad de Imagen. Image Quality

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Siempre ha existido un gran interés sobre la calidad que
puede alcanzar un sistema fotográfico. Este hecho es una obviedad en cuanto se
entablan conversaciones sobre las ventajas o desventajas de los sistemas
digitales frente a los analógicos.

Más allá de conversaciones interminables entre
profesionales, amateurs especializados, o simples usuarios del medio
fotográfico, que casi nunca llegan a ninguna parte, no por falta de
conocimientos precisos sobre el tema, sino por que cada interlocutor suele
aportar más de su propia subjetividad que de aspectos mensurables y
contrastables.
En fin, más allá de esas opiniones, lo cierto es que, a la
par de la evolución de los sistemas fotográficos y fotomecánicos, especialistas
en distintas áreas de la ciencia, química, física, óptica, etc., han estado
buscando y desarrollando formulas que permitieran medir y determinar valores
que definieran distintos aspectos en relación a la calidad de los sistemas de
creación de imágenes.
Así, por ejemplo, uno de los trabajos más conocidos, y que
han influenciado más en el medio fotográfico, fue la determinación de la curva
característica, o curva H&D, denominada así por los científicos Hurter y Driffield
que la crearon a finales del siglo XIX.
En este tipo de gráficos se relacionan la cantidad de
exposición a la luz y las densidades que un sistema fotográfico puede producir,
y es conocido como la primera forma de determinar las capacidades tonales de
los sistemas fotográficos.
Sin embargo, todos sabemos que existen más factores que
afectan a la calidad de una imagen creada por medios fotográficos. Así por
ejemplo, dado que normalmente se asocia la creación de fotografías a la
utilización de cámaras, la influencia de las calidades ópticas influye de forma
directa en la calidad de la imagen.

Y por otra parte, también sabemos que las distintas
formulaciones químicas de los reveladores -en fotografía analógica- afectan
directamente a la formación de las partículas que producen las distintas densidades,
y por ende, a la calidad en la creación de la imagen.

Por supuesto, este hecho se repite en la fotografía digital
ya que los distintos algoritmos de codificación de la señal analógica en señal
digital determinan directamente las cualidades y calidades de los códigos
binarios que producen los pixeles que representan la imagen.
Por lo tanto, procesar el mismo fichero, por ejemplo del
tipo RAW, con distintos programas; ya sean propietarios de la marca de la
cámara; ya sean genéricos de uso global; ya sean de gestión libre, producen
resultados muy diferentes en relación a la calidad de la imagen que son capaces
de producir.

Efecto de dos procesadores digitales sobre la nitidez de la imagen.

De esta manera, y concretando un poco en el tema que nos
afecta, podemos decir que cualquier sistema de creación fotográfica se ve
afectado por magnitudes mensurables de distinta índole. Por una parte, las
magnitudes de carácter óptico como la nitidez o el grado de aberración
cromática; por otra, las de carácter fotográfico como el rango dinámico o el
nivel de ruido –tamaño de grano en analógico-; y por último, las determinadas
por el procesado y las características físico-químicas, o físico-digitales
según sea el caso, como son la definición y la precisión en la representación
del color.

Podríamos ampliar estos conceptos un poco más si hacemos
mención a otros aspectos que definen la calidad de imagen, como por ejemplo la
relación entre lineatura, tamaño de punto, y ganancia, en los procesos
fotomecánicos. O las resoluciones de impresión de los distintos sistemas de
impresión digital.
En cualquier caso, lo que nos interesa saber es que todas
estas magnitudes que definen las características de un determinado sistema de
creación de imágenes, son mensurables. Así, por ejemplo, cualquiera puede tomar
su cámara de fotos, definir un método de trabajo según sea su estilo, y medir
la calidad real que puede obtener.

Desde ese punto de partida lo interesante, para sacar el
mayor partido a nuestro método de trabajo, sería ir ajustando parámetros; como
los perfiles, los filtros o los ajustes, ya sean desde la cámara o durante el
procesado de la imagen, y volver a medir los resultados. Esta forma de trabajar
facilita la obtención datos precisos para mejorar la calidad de nuestras
imágenes en base a información objetiva y mensurable.
Para ilustrar estas ideas podemos tomar por ejemplo la
utilización de la sensibilidad de nuestra cámara. Si trabajamos siempre con luz
natural, podemos encontrarnos en ocasiones con la necesidad de aumentar la
sensibilidad para poder tomar fotografías en condiciones de luz tenue.
Observando fotos que hemos hecho anteriormente tenemos la sensación que nuestra
cámara (junto a nuestro sistema de trabajo) produce un nivel de ruido muy alto
a partir de 800 ISO. La pregunta en este caso sería, cuánto mide ese nivel de
ruido.

Gráficos para la medición del ruido, podemos fijarnos en el aumento del ruido en el canal Y de luminancia.
Ahora resulta que, por ejemplo, medimos el ruido que produce nuestra
cámara a 400, 800, 1.600, y 3.200 ISO. Y es entonces cuando podemos descubrir
cosas curiosas que nos ayudan a mejorar la calidad de nuestras fotos. Así,
observamos que entre las dos primeras sensibilidades el aumento del nivel de
ruido es significativo, pero que entre los 800 y los 3.200 el nivel de ruido
aumenta tan ligeramente que no es determinante ese aumento, para la calidad de
imagen.

De esta manera, tenemos la certeza de que, aunque aumentemos
la sensibilidad para ganar dos diafragmas a la hora de disparar nuestra cámara
en situaciones de luz tenue, no estaremos comprometiendo la calidad de nuestras
imágenes cuando necesitamos un poco más de velocidad para que nuestro sujeto no
aparezca movido, o cerrar un poco el diafragma para ganar algo en la
profundidad de campo (como podéis imaginar esto se basa en un ejemplo real).

Y es esto, precisamente, lo que nos interesa a los que
trabajamos extrayendo lo mejor de las imágenes. Desde mi punto de vista, ha
dejado de existir el tiempo de un mundo lleno de creencias y mitos, en cuanto a
la imagen se refiere, y hemos pasado a un mundo en que las certezas nos
muestran el camino. Ya no sirve decir, mira que cámara más buena, o mira cómo
imprime mi impresora. Con el advenimiento de la era digital, los sistemas de
medición y control de calidad se han sintetizado de tal manera que son
accesibles a todo el mundo.

Ya no vale decir, tengo tantos miles de millones de
megapíxeles, sino, cómo son esos megapíxeles, qué características tienen y cómo
se definen. Quisiera puntualizar que el tamaño es una cosa y la calidad otra.
Aunque podemos tener grandes tamaños con gran calidad, que es lo que buscamos
todos, y todas.

Bromas a parte, en Clorofila Digital llevamos tiempo
trabajando para poder determinar con precisión la calidad de nuestros equipos y
así ayudar a todo el que se acerque a nosotros a salir del mundo mitológico de
verdades a medias y falsas ilusiones, y pasar al mundo de las ideas claras, los
datos objetivos y la precisión en la creación de las imágenes.

Para el año que viene más y mejor, feliz 2013.

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