¿Es perdurable la Fotografía? Mitos y realidades.

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Antes de comenzar a analizar la cuestión, me gustaría aclarar el significado que adquieren varias de las palabras que se relacionan constantemente con los valores y capacidades que se le otorgan a un determinado objeto fotográfico en relación a sus expectativas de vida.

De esta manera, tenemos la palabra DURABILIDAD. Esta palabra, desde los criterios de conservación, se relaciona, principalmente, con la resistencia física y mecánica de una fotografía.

La siguiente palabra que solemos encontrarnos es ESTABILIDAD. En nuestro contexto, esta palabra hace referencia a la facilidad que tiene de reaccionar, o no, una fotografía, frente a determinados agentes medioambientales.

PERMANENCIA es otra de las palabras más utilizadas en el análisis de las cualidades de las fotografías. Su significado se relaciona con los ratios de desvanecimiento que una imagen puede sufrir en condiciones concretas.

Otra palabra menos común, pero también utilizada es el término LONGEVIDAD. Se suele entender como la capacidad de vivir un determinado periodo de tiempo, pero por lo general no se relaciona con la calidad de vida durante ese tiempo.

La última palabra es aquella que nos atañe, PERDURABILIDAD.

Esta palabra se suele interpretar como la mayor o menor capacidad que adquiere una determinada fotografía de permanecer en el tiempo y en buenas condiciones, en relación a los elementos que le rodean y su propia naturaleza material.

Ahora que tenemos más claros estos conceptos, podemos empezar a entender que nos indican con las distintas informaciones que circulan en relación a las expectativas de vida de las fotografías.
La conservación de fotografía, como ciencia relativamente moderna, ha evolucionado junto con las nuevas situaciones que ofrecen los medios digitales. Antes de la generalización del la utilización de medios electrónicos para la creación de imágenes fotográficas, todo se fundamentaba en lo mismo; el análisis de las estructuras materiales que forman los objetos que llamamos fotografías -ya fueran objetos directos de cámara, normalmente los identificamos con los negativos, pero también conocemos muchos positivos directos de cámara, y por supuesto los distintos tipos de imágenes positivas, que comúnmente en España se conocen como “copias”.
Ahora con los medios de creación digital debemos hacer una diferenciación en la aproximación a su estudio desde la perspectiva de su conservación. Por una parte están todos las imágenes que necesitan un periférico, ya sea un monitor de ordenador o un proyector, para ser observadas. Esto es, lo que se consideran ficheros digitales de imagen fotográfica.
Y por otra parte, tenemos los objetos impresos que han dejado de ser digitales para formar parte de la materialidad analógica que nos rodea.
Esta conferencia, que aunque hará menciones a momentos históricos anteriores, se centra en el estudio y compresión de las particularidades, en relación a su perdurabilidad, de estos objetos fotográficos que podemos tocar con nuestras manos. Los otros, los llamados ficheros digitales, los dejamos para otra ocasión.
Con respecto a estos objetos fotográficos, susceptibles de tener un valor conceptual extra por la materialidad que les da forma. Hemos de decir que es esa materialidad la que les otorga, en primera instancia, su capacidad de perdurar en el tiempo. En este sentido podemos utilizar el símil de la estructura genética humana.
Las particularidades genéticas de un bebé son
las que, a priori, definirán sus capacidades de sobrevivir y evolucionar en
este mundo. Aunque por supuesto, el desarrollo de su crecimiento, con buena o
mala alimentación, con buena o mala educación, nacido en una familia rica o
pobre, afectarán de manera directa en su evolución como ser.
Salvando las distancias entre la genética y las estructuras
materiales inanimadas, podemos encontrar cierto paralelismo metafórico en la
evolución de un determinado objeto, en este caso, fotográfico. Los materiales
con los que es creado ese objeto de colección junto con las reacciones químicas
en el caso de fotografía química, y los componentes de tintas y soportes en las
impresiones digitales, determinan de forma directa la expectativa de vida de
una fotografía.
Pero -siempre hay un pero-, igual que en caso de ese bebé,
sus condiciones de vida, el trato que se le de, el cariño con el que se le
cuide, incluso la exigencia a la que se le someta, producirán un efecto
directo, primero en su calidad de vida, y segundo en su perdurabilidad.
Por lo tanto, vamos a hablar de estas dos fases. La
intrínseca, propia y exclusiva de la “genética” de una determinada fotografía.
Y la extrínseca, el contexto en el que se desarrolla como objeto, esto es; los
elementos medio ambientales junto a la protección y a la explotación cultural
que se de a una obra de arte creada por medios fotográficos.
De esta manera, para poder responder a la pregunta que da
título a esta conferencia, tomamos como partida dos aspectos. Los elementos
internos, definidos por las características materiales intrínsecas de un
determinado objeto fotográfico, esto es, la identificación precisa de su
tipología como objeto.
Y los elementos externos, que se relacionan directamente con todas las circunstancias que rodean a ese objeto fotográficos.
Esta es la primera fase de la conferencia. Si queréis podéis acudir el viernes a las 11:30 al Matadero de Madrid para saber cómo acaba esta historia.
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Comentario
  • MJM
    Responder

    estupendo trabajo, como siempre.

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